En Bilbao… Matías le arrebató la puerta grande a Luis David Adame

Bilbao. Jueves 22 de Agosto de 1029. Plaza de toros de Vista Alegre. Sexta de las Corridas Generales. Más de dos tercios de entrada. Toros de  Domingo Hernández y Garcigrande (1º), bien presentados, mansos en su conjunto, no pelearon en las cabalgaduras en donde recibieron un simulacro de suerte; el sexto fue protestado por su debilidad manifiesta, y fue gracias a su torero que se conjuntó una gran faena. Protestado por ser anovillado el segundo, el que tras manifiesta invalidez fue regresado a los corrales.

Enrique Ponce: Ovación con saludos tras aviso y ovación con saludos tras dos avisos.

Julián López El Juli: Silencio y oreja tras aviso.

Luis David Adame: Oreja y oreja con dos vueltas al ruedo tras fortísima petición de la segunda.

Detalles:

Tras parear al sexto saludaron en el tercio Miguel Martín y Luis Cebadera.

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El prejuicio es el hijo de la ignorancia”: William Hazlitt.

Parece que la insidia, el prejuicio de ciertas personas en contra de lo que no sea nacido en la localidad, les sigue afectando en pleno siglo XXI; en medio de una multitud harta de estas manifestaciones discriminatorias.

Ahí tenemos el ejemplo en Estados Unidos, en donde un enloquecido presidente, no sólo ofende, discrimina a todo lo que sea hispano, sino además ahora quiere comprar Groenlandia.

¡Vaya locura!

Pues así han estado actuando algunos, tan pocos porque no rebasan la docena, en las redes sociales; sobretodo, cuando se enteraron de que, Luis David Adame, torearía en el festejo de hoy jueves.

Y así parece que actuó, Matías, al quitarle sin argumento alguno, más que su prejuicio, la gloria de rebasar la puerta grande.

No obstante, el público, la sabiduría del gran público, y ese océano de jóvenes que también se concentraron en la puerta, tras abrirse y ver salir a pie a Luis David, le rodearon en interminables muestras de admiración y reconocimiento, que en verdad conmovieron por la honestidad de la expresión y la verdad de su reconocimiento.

Luis David había enfrentado a un toro manso, casi inválido, que apenas y pudo estar de pie durante el primer tercio. Evidentemente no pudo enfrentar al caballo, y cuando Luis David se dispuso hacerle un quite, también supusimos que el toro claudicaría.

No…

… no fue así.

El joven Adame, hizo un quite parsimonioso por zapopinas, suaves, templadas y despaciosamente recortadas; y entonces, surgió una especie de milagro, porque el toro no sucumbió.

Vino la faena de muleta, y en notoria muestra de respeto de Luis David, brindó al respetable, el que le agradeció el hecho litúrgico de ofrendar su su propuesta artística a los ahí reunidos.

El inicio fue de una lentitud pasmosa, claro no podía ser de otra forma por las condiciones del astado. Algunos por ahí protestaron y gritaron que era un borrego, puede ser; pero no lo eligió, Luis David, no tiene todavía esa posibilidad, y más porque él entro en sustitución.

La faena tuvo ritmo, ese ansiado ritmo que buscan los poetas, y el mérito fue entender a este tipo de ejemplares.

Lo más sencillo hubiese sido demostrar que se caía…

… no obstante, el reto de, Luis David, fue consumar lo contrario. Demostrar que también a este tipo de toros se les puede hacer faenas, y faenas de importancia.

Faenas de arquitectura cristalina sustentadas con el poder que da el valor natural apoyado en la técnica; y el que otorga el poder del sentimiento que hace trascender al contenido.

El toro que no valía nada, que se caía, al final le hizo faena de cercanías, con tersura, y convenció.

Dejó como rúbrica certero espadazo al encuentro, que por sí sólo valía un trofeo, ya que cayó de inmediato en la arena el burel.

La plaza se inundó de pañuelos, de blancos pañuelos que exigían estentóreamente los dos trofeos.

Matías inmerso en todos sus prejuicios negó el segundo trofeo, y con ello, le impidió salir por la puerta grande a Luis David Adame, lo que le recriminó de escandalosa forma el público al prejuicioso Matías.

Salió a pie, en medio de todas sus ilusiones, pero de lo que no le pudo privar el prejuicioso Matías fue del reconocimiento del público.

Cuando se abrió la puerta grande, esa salida debió haberle hecho sentir en la gloria misma, porque la sabiduría, la admiración, la sensibilidad y el reconocimiento del público, ahí estaban reunidos.

Sí, salió como si hubiera sido izado en hombros y seguro estoy que esto…

… esto no tiene precio.

Con su primero, otro toro manso al que fue metiendo en la muleta, con serena inteligencia, dejando meritorios pases, y siempre ceñidos a su cuerpo. En especial el toreo en redondo en el epílogo y magníficos naturales. Tras estocada al encuentro, obtuvo una oreja.

Siendo así, el triunfador del festejo.

Enrique Ponce se ha copiado otra tarde más. Con los dos ‘bobitoros’ que le han correspondido, hizo faenas correctas, aunque tan lejanas a su cuerpo por la insistencia del pico de la muleta.

Mientras que, El Juli, envolvió casi asfixiando en una primera faena de tedio y dos julipiés, uno con el que pinchó y otro con el que dejó una estocada trasera.

Con el quinto, ha sido otro toro manso de Domingo Hernández que intentó huir al inicio y El Juli le hizo faena violenta, vulgar y al inicio vertiginosa. Dejó un julipié trasero, por la mala colocación de la espada tardó en caer el mansito. Tras un aviso, Matías, da una oreja

La esperanza del renuevo generacional es lo único que puede mantener vivo al arte del toreo.

Ese océano de maravillosos jóvenes, de simpatiquísimos chiquillos que rodearon a, Luis David Adame, a la salida, anuncian un horizonte halagüeño, y habrá que entender de ello.

El toreo como todo arte evoluciona, y quien se quede en el pasado por sus prejuicios, no podrá entender el inminente porvenir.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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