Contrapunto taurino por Iván Arias… ¿Es mucho pedir?

¿Es tan difÍcil llevar encierros que reúnan las condiciones de trapío necesarias para saber a plenitud, que estamos viendo una corrida de toros?

El domingo pasado tuvimos la oportunidad de asistir a la Plaza de Toros Silverio Pérez, del cercano municipio mexiquense de Texcoco.

Y las razones que había eran varias: Sergio Flores, torero arrollador y de mucho carisma estaba acartelado junto a José Mauricio que después de una tiempo de reflexión regresaba a los ruedos, además de la incógnita del ibérico Gonzalo Caballero.

Otra de las razones fue que, en la semana pasada, la empresa de la Silverio Pérez compartió con los medios cuatro fotografías de su encierro (En las fotos había un castaño que jamás pisó el ruedo texcocano). Sin duda el poder apreciar, días antes de la corrida, las imágenes de éstos toros, eran un buen motivo para trasladarse hasta la Feria Internacional del Caballo.

Saltaron, pues, seis toros de la ganadería de Gómez Valle, de la que poco dice la página de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia.

Cinco de ellos de bella lámina: bastos de carnes, altos, enmorrillados, con una cornamenta seria y de respeto. Tal vez, solamente el último fue el menos hecho, pero se agradece, definitivamente que hayan estado presentados como lo que era: Una Corrida de Toros.

Del juego, pues no se puede decir tampoco mucho, varios de ellos desarrollaron sentido y genio, la casta mala, pero también hay que considerar que, al ser toros, con sus 4 años reglamentarios cumplidos (se les veía de inmediato) su comportamiento sería el propio de la edad. Varios de los toros fueron aplaudidos al pisar la arena.

Y volvió a surgir la pregunta que nos hacemos los asiduos a la Temporada Grande en la Plaza de Toros México: ¿Es tan difÍcil llevar encierros que reúnan las condiciones de trapío necesarias para saber a plenitud, que estamos viendo una corrida de toros?, y creo que la respuesta es muy sencilla: No.

Porque si un aliciente ha tenido ésta Feria del Caballo es que se han preocupado porque se ofrezca lo que se ofrece: Toros. Y ahí tenemos la muestra de que, al menos, en fenotipo, existen.

La cuestión es darle variedad, esa variedad que el público necesita. No encasillarse en las mismas ganaderías de siempre, aquellas que han demostrado que son carentes de bravura, que son la antítesis del toro bravo, y que aparte de ello, sucumben a las exigencias de las supuestas figuras, mandando encierros indignos.

Puedo casi asegurar que una de las razones por las que la Silverio Pérez se ha convertido en éstos días, en una sucursal de la Plaza México (Ahí estábamos varios: Porra Libre, Toriles, Manolo con sus sombreros y tantos que compartimos en el embudo de insurgentes) es, uno: el hambre de toro, y en segundo lugar el ver previamente los toros a jugarse, que por lo regular no vemos en nuestro coso mayor.

Hagamos fiesta, vayamos a la Silverio Pérez, hay que llenarla. Aplaudir lo plausible, y criticar lo que se tenga que criticar. Pero sólo con nuestra asistencia podemos hacer que la fiesta siga en pié.

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  • P. D. También la empresa debería invertir un poco mas en el cuidado y mantenimiento de la plaza. Dos de los de Valle Gómez partieron los tableros en distintas zonas al estrellarse con ellos.

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