El comentario de Paco Cañamero… El toreo es Justo

Me alegro muchísimo por el triunfo de Emilio de Justo. Por este éxito otoñal que le ha permitido acariciar los cielos taurinos y que llevó el nombre de su padre, muerto hace unos días.

En Las Ventas, en esa feria de Otoño que vuelve a regalarnos una feliz sorpresa en estos días que maduran los membrillos.

¡Qué bonito volver a ver a otro cacereño en volandas en etas fecha!

¡Cómo hace unos años le ocurrió a Juan Mora!

Ambos con tantos nexos en común, como su torero hondo y puro, macizo y majestuoso, que es una brisa de aire fresco en tiempos de tanta mediocridad.

Y por eso, ahora cuando sacaban por la puerta grande Emilio de Justo –también de verde y oro- rememoré aquel triunfo de Juan Mora, que en muchos instantes volvía a correr por las fuentes de mi recuerdo.

Me encanta la frescura que ha traído Emilio de Justo, el elegante torero de Torrejoncillo que está camino de ser figura y, cual Ave Fénix, fue capaz de resurgir de sus cenizas para regresar con su pureza, su verdad y esa torería que lo aupa a la élite.

Y digo con verdad, porque detrás deja en el camino decenas de tardes con corridas de Victorino, de Adolfo…, hasta que hoy se ha encumbrado con dos buenos toros del Puerto de San Lorenzo, otra ganadería que honra la grandeza de criar toros bravos y ayer coronó a otro torero en Las Ventas.

Y es que ahí está el sitio de Emilio de Justo, en corridas de verdad, con su pureza; lejos de las llamadas figuras con el torito de colorín y afeitado, que tanto daño han hecho con sus abusos a las estructuras de la Fiesta.

Se venía barruntando que en cualquier momento iba a llegar la explosión a la cima, a nadie pasaron inadvertidos sus éxitos en las plazas francesas de los últimos años. Ni su grandiosa ‘reentreé’ en España, donde pronto se convirtió en unas de las revelaciones gracias a la pureza y verdad.

Y sobre todo a esa espada que lo convierte, ahora mismo, en el más puro matador, haciendo la suerte con todos los cánones de pureza y tan necesario era alguien que hiciera así a suerte suprema para que las nuevas generaciones sepan la grandeza de la estocada –que no estoconazo-.

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Y ahora lo importante es que sepan cuidarlo. Que el torero no se deje llevar por tantos cantos de sirena –aunque tiene madurez y no es ningún niño-, ni los ofrecimientos de las grandes casas, porque tiene ante sí volver a ilusionar a una afición dormida y que está desertando.

Y para ello, como hasta ahora, lo debe hacer con el toro de verdad, el que trae emoción. Eso lo primero, después el resto.

Y ahora a disfrutar del éxito otoñal de este torrejoncillano que ha acaiciado los cielos taurinos, quien ha triunfado poniendo a todos de acuerdo.

¡Enhorabuena!

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@pacocanamero

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